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Comité por la Construcción de una ORGANIZACIÓN REVOLUCIONARIA ANARQUISTA

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Compañeros,

                     en esta oportunidad tenemos el agrado de publicar un artículo sobre la coyuntura en su provincia enviado a nuestro grupo editorial y redactado por los compañeros  de Acción Anarquista de Mendoza.

En la lucha por la Construcción de una Organización de los Anarquistas Revolucionarios de alcance nacional y poder efectivo de intervención sobre la disputa por el direccionamiento revolucionario de nuestra Clase, manifestamos la importancia del paso que están dando los compañeros y la necesidad de seguir avanzando en la unidad de los sectores más progresivos del anarquismo.

Es un gran avance que contemos con un conjunto de compañeros defensores del anarquismo clasista y materialista histórico, en definitiva: el original y realmente finalista, buscando afianzarse en una provincia hermana como lo es la de Mendoza -donde escasean las fuerzas del Campo Revolucionario siendo y todo la cuarta ciudad del país su capital-.

Las cosas allí no parecen estar al margen de lo que transcurre aquí y en el resto del país.  Pedimos especial atención a esta lectura sobre la reestructuración -en este caso en el ámbito particular de la susodicha provincia- de este “nuevo modelo” de la exportación y el turismo.  

Saludamos fraternalmente a los compañeros de Acción Anarquista, recomendamos la lectura de su revista -próximamente impresa- “Estudios Sociales” y llamamos a avanzar en este camino unitario...

¡Arriba el Anarquismo Revolucionario!

¡Por la Construcción de una Organización Revolucionaria Anarquista!

Comité por la Construcción de una ORA

08/02/2005

Organizaciones Hermanas

Mendoza: situación social en la provincia de la impunidad

Por Horacio Seo

horacioseo@gmail.com

La Ciudad de Mendoza puede dar al turista o al visitante desprevenido una idea de que la provincia es un ámbito de paz y desarrollo lento pero sostenido. Y es que a diferencia de lo que pasa en las demás grandes ciudades del país aquí no hay vendedores ambulantes. Ningún limpiavidrios ni cartonero viene a romper este ensueño burgués que es el Centro mendocino, con su peatonal llena de luces y de cafés con precios europeos, con su avenida principal colmada de consumistas consumiendo, su plaza Independencia cada vez más reluciente y sus cientos de policías vigilando noche y día. Si a esto se agrega que los medios de des-información no nos sobresaltan más que con algún que otro asalto de vez en cuando no parece quedar otra opción que aceptar que la provincia (o al menos la Ciudad) es un ejemplo de civilidad y orden.

Sin embargo, más de un 60% de los mendocinos es ajeno a esta fiesta del “buen gusto” burgués. O peor aún, es la víctima de un plan estratégico que se viene preparando desde hace mucho y que recién en los últimos años toda la sociedad satisfecha de común acuerdo se ha dedicado a implementar, con seguridad y firmeza.

La gran excusa es el turismo. La ganancia que los turistas reportarían a la provincia ha servido de excusa al gobernador Cobos, a su mano derecha Cicchitti (intendente de Capital) y a todos sus poderosos aliados, para limpiar al Centro de pobres y gente sospechosa de no poder consumir en general, para acallar cualquier tipo de protesta o denuncia y para  perseguir a los sectores más marginados de la población hasta límites insospechados años atrás. Para peor, el reparto de esta entrada de dinero ha sido tan inequitativo que incluso ha habido protestas específicamente por ello desde algunos sectores de la clase media y hasta de algunos periodistas de los dos grandes monopolios regionales de la información. Es decir, después de llevar a cabo medidas muy fuertes para favorecer al turismo, después de que el estado provincial entregara muchísimo dinero en subsidios y campañas publicitarias, después de hacer sufrir a las clases bajas todo lo que el gobierno se propusiera, nada mejoró en la provincia: El 90 % se encontró con que sólo perdía otra vez frente a los intereses del otro 10%, y esto molestó más a aquellos pocos que esperaban beneficiarse de alguna manera y se vieron estafados en su “buena fe”.

Por todo esto, en los últimos meses la excusa del turismo ha ido perdiendo peso; pero la máquina opresora-represora del estado y la burguesía no ha sido desmantelada y sigue avanzando y aplastando libertades y derechos impunemente. Ahora no necesita excusas. Ha golpeado violenta y astutamente a cada pequeño grupo humano que se resistiera a su avance y la sociedad no ha sabido (o no ha querido) organizarse para enfrentarla. Pero veamos algunos casos.

 

Subempleo y desempleo

Las cifras oficiales (DEIE)afirman que en la provincia en el último año aumentó un 6,7% el empleo formal y encuestadores privados agregan que el salario ha subido de un 10 a un 15% en los últimos 3 meses. Los aumentos de salarios son reflejo del decreto que en este sentido emitiera el poder ejecutivo nacional y han sido conseguidos con enorme esfuerzo por parte de los trabajadores y el tibio sindicalismo mendocino . Ejemplo de este tironeo son los judiciales que recién para el 28 de diciembre consiguieron una recomposición salarial de $150. Igualmente este aumento está lejos de ser general en el sector público y es casi inexistente en el sector privado, notablemente atomizado y desmovilizado. Suben, en cambio, el porcentaje de aumento de salarios los políticos, que en algún departamento percibieron aumentos de casi el 100%, y los jueces, favorecidos por el fallo de la Corte Suprema de la Nación que aumentó sus exorbitantes ingresos en un 30%.

Mientras tanto, el trabajo en negro se ha precarizado notablemente. Amplios sectores de la población han perdido sus planes sociales o su fuente habitual de subsistencia, y tanto la venta ambulante como las tareas de limpiavidrios y cartoneros han sido directamente ilegalizadas, lo que por supuesto contribuye a atemorizar a los asalariados en general que aceptan cualquier cosa con tal de no perder su magra fuente de ingresos. Es por esto que, pese a los datos esperanzadores que festeja el gobernador, las demandas sociales sobrecargan al poder judicial de la provincia. Cerca del 90% de los reclamos que se presentan en los juzgados tiene que ver con casos de distinto grado de indigencia que, no pudiendo resolverse en ningún otro ámbito estatal, hacen su último intento apelando a la beneficencia de los jueces. Claro que, como el papel de la “justicia” es únicamente vigilar y castigar a los ciudadanos, la totalidad de estos casos es derivada inmediatamente a otras dependencias del estado perdiéndose en los laberintos burocráticos del sistema.

La ordenanza 2882/88, vigente desde hace ya medio año, encontró a los vendedores ambulantes desprevenidos. Habían tenido problemas con la policía (el 5 de enero se habían enfrentado con saldo de varios heridos y detenidos); pero no sabían de esta nueva arma legal que permitió que su trabajo se convirtiera de repente en un delito reprimido con dureza. Al no estar al tanto de las novedades, cuando la policía llegó a quitarles todo por la fuerza se resistieron y fueron saqueados y reprimidos violentamente. Se agruparon, cortaron una avenida y quisieron improvisar una marcha; pero fueron reprimidos nuevamente, esta vez incluso con balas de goma. En San Martín se llegó a cortar una ruta y en la Ciudad se formó una pequeña organización de resistencia; pero el gobierno logró, acomodando a unos y reprimiendo y censurando a otros, hacerla desaparecer para comienzos de octubre. Luego de esto los vendedores viven huyendo, detenidos y saqueados continuamente.

El sábado 23/10 el conflicto volvió a aparecer en los medios cuando la policía llegó de repente a arrasar con los puestos de la plaza Independencia. Los vendedores resistieron y fueron reprimidos con llamativa violencia. Tanta fue que unas 200 personas, entre vendedores callejeros, artesanos y peatones en general, terminaron enfrentando la represión, que terminó con numerosos detenidos y heridos (entre ellos un fotógrafo autorizado que termino con la mano quebrada, detenido y sin cámara por atreverse a retratar a un represor). Luego de esto, sólo el silencio de los medios y la violencia de cada día para los vendedores. En navidad hubo un pequeño cambio, la violencia de que iban a ser víctimas fue anunciada por televisión, y poco después la recibían en vivo y en directo, más masiva y preparada que veces anteriores.

La situación de los limpiavidrios puede decirse que es similar. El estado intenta correrlos de las calles del Centro desde hace mucho tiempo (en Mendoza desde que están allí), por ello en un principio se organizaron y ya en el 2001 se manifestaron unos 500 frente a la Legislatura para protestar en defensa de su medio de subsistencia. Antes no se supo muy bien qué hacer con ellos; pero desde el 31/08 la ordenanza 3587 permite que por “entorpecer el tránsito” el limpiavidrio que sea detectado como tal sea detenido inmediatamente, robándosele sus herramientas de trabajo y multándoselo con unos $400 (para la venta ambulante la multa ascendería a unos $500). “Los bicipolicías y los de las motos pasan después de las 12, porque si hasta esa hora no han detenido a nadie nos tienen que llevar a nosotros para justificar que controlan el Centro” dicen los limpiavidrios, y agregan que cuando llegan los turistas las detenciones son aún más frecuentes. Claro que a la vez se procuró acomodar a 179 de ellos con planes sociales de $250, el resto fue corrido del Centro despiadadamente. Como se ve, se trata del mismo método empleado contra la venta en la calle. Actualmente la mayoría de los limpiavidrios, al no tener otra posibilidad de trabajo, está volviendo a las calles y ya se los ve de vuelta arriesgándose a trabajar en el Centro para llevar una moneda a su casa.

La persecución de los cartoneros ha sido aún más sistemática. Se los intentó prohibir en tiempos de De la Rúa apelando al marco legal que ofrecían las ordenanzas 2.903/89 y 12928/88 prohibiendo el cirujeo; pero la gran cantidad de cartoneros que había en las calles de toda Mendoza y Gran Mendoza lo hizo imposible. Luego se intentó complicar su labor con matrículas y burocracia (en el 2002); pero no satisfechos con eso se los volvió a perseguir sin excusa. “Lo único que hacemos es cumplir las resoluciones. La voluntad del reglamento es proteger la salubridad de la población” se justifica Omar Jadur, director de Comercio e Inspección General.

Hoy al cartonero que es visto deambulando por el centro se le quita el carro y se lo lleva detenido, haciéndose pasible de recibir su correspondiente multa impagable (en este caso de unos $100) al igual que los demás trabajadores ilegales. Este trabajo, por su misma forma de funcionamiento, está un poco más organizado; pero aún no sabemos de grupos de cartoneros que estén planteando una resistencia organizada a la mano dura de Cicchitti y Cobos.

El trabajo de fragmentación de la lucha popular por parte del gobierno viene acompañado por la fuerte descomposición social de los mismos grupos de trabajadores ilegales. Así, los artesanos creen tener derecho a un respeto mayor por ser “trabajadores del arte” y los malabaristas fueron perseguidos por la misma ordenanza que marginaba a los limpiavidrios; pero lograron “legalizarse” reivindicando su papel de “trabajadores de la cultura” que los diferenciaría de aquellos. Los vendedores ambulantes se separan de otros sectores porque ellos sólo son “comerciantes”. Y los limpiavidrios y cartoneros, los más numerosos (y las más de las veces los más pobres), han perdido tanto el lugar que tuvieron en su momento en los medios como su incipiente carácter organizativo y el sacrosanto desdén con que se los dejara trabajar años atrás.

 

Marginalidad y muerte

2004 fue un muy buen año para algunos en Mendoza. Las ventas en shoppings y comercios para la clase media y alta aumentaron en un 20%.Los demás negocios, a pesar de los aumentos de precios, tuvieron que conformarse con vender igual o menos que el año pasado. Un sector de la “sociedad” tiene mucho que festejar este verano; pero para las clases marginadas este ha sido un año nefasto. Igualmente, dos estadísticas pueden ayudarnos a entender la conciencia social de esta sociedad tan cristiana: un 64,3% (en encuesta de la revista El Sol) de los mendocinos apoya la pena de muerte, a pesar de la fuerte desconfianza que tienen de la Justicia, por otro lado,  el 77% (en encuesta de Los Andes on line) opinó que la Policía hizo bien en despejar las calles de limpiavidrios para mejorar la imagen turística de Mendoza, un 20% opinó lo contrario.

Para empezar, el notable incremento del poder represivo del estado (principal logro del primer año de gestión de Cobos) sumado a una actitud de desprecio total, por parte del gobierno y un gran porcentaje de los “contribuyentes”, de los sectores más empobrecidos posibilitó que se tomaran medidas contra estos últimos que los gobiernos anteriores hubieran dudado mucho en aplicar. Un ejemplo de esto son las súper razzias con que asoló Cobos a las villas del Gran Mendoza para consolar a la burguesía, tan intranquilizada por su inseguridad. Durante uno o dos meses se sucedieron requisas arbitrarias a barrios enteros, casa por casa, para encontrar lo que allí hubiera. La situación socioeconómica del barrio era la única excusa necesaria para que los vecinos pudieran ser violentados por cientos y cientos de policías. La criminalización de la pobreza quedó patentizada en el actuar impune de las fuerzas que con cientos de abusos, allanamientos y detenciones no incautaban en cada barrio más que algún porro, una o dos armas y algún TV de procedencia dudosa. Una vez liberado un barrio (con excepción de los cientos de detenidos) se pasaba a invadir otro cualquiera. Este procedimiento se abandonó por ser demasiado aparatoso y costoso, además de por su evidente ineficiencia; pero dejó un mensaje claro de la actitud de este gobierno frente a los que menos tienen.

Otro hecho considerable fue el llamado del intendente Cicchitti a votación a los ciudadanos de Capital para conseguir un aumento de 3 o cuatro pesos por mes en las boletas de impuestos municipales para emplear ese dinero en un reforzamiento de la seguridad de la Ciudad. La idea era comprar más armamento, llenar de cámaras las calles, duplicar el número de policías, formar grupos especializados, legalizar las escuchas telefónicas sin permiso judicial, etcétera. Las elecciones arrojaron un 75% a favor del aumento impositivo para represión contra un 25% en oposición. El problema fue que a pesar de todo el dinero derrochado en la gran campaña incentivando a votar por el sí al aumento sólo se acercó a la urna el 7% del total del electorado. Frente a la poca representatividad del apoyo de las urnas el intendente comentó que: los que votaron son pocos pero estos son los pocos que realmente aportan al Estado (los “verdaderos contribuyentes”), la gente en principio no se interesa así que hay que arrancar con la medida y después se van a ir convenciendo, y, en última instancia, el ya había prometido que iba a realizar este proyecto así que de todas maneras lo iba a hacer. Una pequeña movilización en contra de partidos de izquierda fue la única respuesta de los mendocinos y la aprobación del proyecto quedó pendiente para cualquier momento.

Además, el tasvestismo ha sido prohibido y la prostitución es perseguida peor que antes. Y desde el 7 de enero del 2004, la Policía de Mendoza ha comenzado a realizar detenciones masivas de menores en el centro de la Ciudad de Mendoza (hecho denunciado por la Coordinadora de DDHH de Mendoza) con el sólo fin explícito de favorecer el desarrollo de las ventas comerciales producidas en la temporada turística. Esto ha provocado una saturación de la Comisaría del Menor con menores privados de su libertad sin mediar orden judicial de juez competente.

En salud y educación nada se ha avanzado, el analfabetismo y la deserción escolar más bien tienden a crecer. Quedan numerosos sectores poblados sin acceso al agua potable y viviendo en la indigencia y el hacinamiento. Y mientras, el único plan habitacional serio del gobierno provincial, el “Plan de Viviendas para la Clase Media”, exige al que quiera tener una casa que ya sea propietario de un terreno y que tenga ingresos mensuales en blanco superiores a los $1000.

La persecución de los pobres en el Centro mendocino llega al punto en que mucha gente (sobre todo jóvenes) casi no lo conoce. Eligen no ir ni debiendo hacerlo porque saben que con sólo ser vistos por los guardianes del orden volverán a visitar los calabozos policiales. Por eso es que tampoco hay pedigüeños ni linyeras y, en general, la gente de tez oscura procura no acercarse o pasar muy rápidamente y sin llamar la atención. El enfrentamiento de las clases bajas con la policía es tal que la constante disminución en la cantidad de denuncias presentadas se explica más fácilmente por la negativa de más de la mitad de la población a acercarse a la policía que por algún método de seguridad aplicado por el gobierno. La policía si acude a los llamados del pobre es siempre horas después del hecho y sólo para seguirlo atormentando. Los trabajadores pobres (también del campo) desarmados por el plan canje de armas de Iglesias, empobrecidos por el gobierno de Cobos y abusados constantemente por la policía se encuentran frente a la delincuencia (que los afecta más directamente que al resto de la “sociedad”) completamente desamparados.

Peor es la situación del que cansado de la explotación capitalista y las palizas estatales, y decidido a no dejarse morir de hambre, ha intentado conseguir algo de dinero por medios más tradicionalmente ilegales (robo, droga, estafa, etc.). La superpoblación de agentes, constantemente incentivados a actuar con violencia, sumada a la colaboración de rateros asociados a ellos hará que pronto terminen muertos o en prisión, que a veces puede ser casi lo mismo.

La situación de la Penitenciaría de Mendoza, de fama internacional en los últimos tiempos, merece un lugar aparte; pero para decir algo breve aquí del tema se puede transcribir parte de las conclusión a la que arribó la comisión (integrada por funcionarios, gente de DDHH y médicos y abogados de la provincia) que visitó el penal el pasado 26 de noviembre: “Los pabellones visitados se encuentran hacinados, sucios. Son verdaderos focos infecciosos donde conviven excrementos, ratas, cloacas tapadas, pabellones inundados con aguas servidas, Las condiciones de detención constituyen en suma un trato cruel, inhumano y degradante”. Las 16 ó 18 muertes (según la fuente) que éste año se han producido en las jurisdicciones de la penitenciaría de la provincia son sólo la punta de un inmenso iceberg de corrupción, explotación, sadismo y odio social. Y las únicas “soluciones” que el gobernador ha sabido dar a esta situación son el reciente despido del director del penal y la suspensión de visitas de los internos (¿?). Cuando se despilfarran tan ostentosamente los fondos públicos, las justificaciones económicas de Cobos para explicar el constante deterioro de este campo de concentración no pueden ser recibidas por los detenidos y por quienes nos interesamos por ellos más que como una burla cruel e inhumana.

 

En fin: política y sociedad

La derecha conservadora y católica se encuentra a sus anchas en una provincia donde prácticamente no tiene oposición, donde la burguesía, la iglesia  (que luego del Encuentro de Mujeres llamó a sus fieles a una “militancia más activa”), los partidos políticos y la Justicia trabajan mancomunados por su propio bienestar y casi no son importunados por nada. Los partidos de izquierda recién están tratando de instalarse en Mendoza y las manifestaciones que reúnen a toda la izquierda en conjunto difícilmente superan las 200 personas. Tampoco hay piqueteros que corten calles. Los pequeños grupos piqueteros que se están armando dependen directamente de sus partidos de origen (como Polo Obrero y FTC) y aún no alcanzan un número o una capacidad organizativa significativa.

El PJ local es tan impresentable que Kirchner antes de las últimas elecciones presidenciales terminó acercándose más a Cobos que a sus “compañeros” de partido. La UCR mendocina ha retomado su carácter histórico oligárquico y represor, lo que le ha dado una coherencia en la conducción que basta para que un gran número de mendocinos se sienta satisfecho, pese a los movimientos sospechosos de capitales y las acusaciones de corrupción de que es objeto. Por último, el Partido Demócrata (la ultraderecha regional) se muestra tan oligárquico y soberbio que aleja a sus potenciales electores. Estos tres partidos casi no se enfrentan en nada, sólo luchan por espacios de poder; pero están de acuerdo en mantener un proyecto que le viene bien a las aspiraciones de los tres.

Los medios de información están agrupados en dos grandes multimedios que monopolizan la información de manera alevosa. Esto permite que la opinión pública sea manejada en bloque de acuerdo a los intereses del momento de las élites dominantes. Toda protesta es acallada o distorsionada y la crítica editorial es aún más suave que la falsa autocrítica que cada tanto simulan hacer los políticos mismos. La presentación insignificante y negativa que del Encuentro de Mujeres  hicieron los medios fue un claro ejemplo de esto. O la manifestación del 20 de diciembre, que ocupó un minúsculo espacio al pie de la tercera página del diario Uno, mientras ocupaba casi un 60% de la portada una foto de un árbol cortado por matar con la caída de una de sus ramas a una anciana.

Como hecho positivo podemos destacar la atención que los medios y la sociedad han debido darle a la situación de los presos luego de la intervención de Amnistía Internacional y otras organizaciones nacionales y provinciales en el asunto.  Los partidos de izquierda están comenzando a crecer en la provincia, pero su dirección porteña está demasiado lejos y pierden eficacia en la acción. Además, su base marxista los lleva a buscar ciegamente elementos revolucionarios en la pequeña clase obrera mendocina, débil y atemorizada por la gran masa de trabajadores en negro, campesinos y marginalizados en general que constituyen la gran mayoría de la población provincial. Este inmerso “ejército de reserva” se les presenta a la vez como una competencia desesperada por puestos de trabajo y como ejemplo de lo que le espera al trabajador si por rebelarse o no someterse lo suficiente al patrón llegara a perder el empleo.

Este último sector cada vez más empobrecido ha alcanzado algunos logros fugaces pero significativos en lo que hace a su conciencia de clase, organización de la resistencia e independencia (forzada) del estado y de los estratos burgueses. De los recién nombrados es el trabajo en negro el más atomizado. Malabaristas y artesanos han conseguido cierta estabilidad organizativa mínima y, si no su completa legalización, al menos ser soportados por el momento por el Estado. Limpiavidrios, cuida coches y vendedores ambulantes luego de haber planteado las luchas más importantes que enfrentó Cobos (fuera de las mismas luchas internas de la derecha) se encuentran lamentablemente disgregados y desmoralizados; pero poco a poco se están reagrupando impulsados por la misma necesidad. Los cartoneros, por su parte, se encuentran al menos muy bien relacionados dentro de cada barrio. El gobierno hasta el momento los ha tratado con alguna cautela y, quizás, con un pequeño esfuerzo puedan fortalecerse para comenzar a avanzar en sus reclamos hoy tan postergados.

El trabajo de la Coordinadora de Derechos Humanos de Mendoza  ha crecido con respecto a años anteriores y va ganando un lugar creciente en los medios. Sus defensas públicas de chicos de la calle, vendedores ambulantes y presos han contribuido a cuestionar metodologías represivas que ya se daban por completamente aceptadas.

Se suman de a poco nuevos grupos gremiales “autoconvocados” que dan una lucha mucho más frontal y legítima a los patrones que la  burocracia sindical. Y el empresariado rural y sus sindicalistas cómplices tuvieron que retroceder en sus intenciones de impedir a los campesinos con planes sociales trabajar en la cosecha.   

Además, pequeñas cooperativas de producción autogestionadas han comenzado a funcionar en barrios tales como La Favorita o el San Martín y algún grupo de cartoneros se autoorganiza también para defenderse y producir, por ejemplo, lumbricomposto. El recelo que la clase baja va tomando de sus “representantes”, del estado y sobre todo de la policía, provoca que comience a simpatizar con planteamientos de cambio social revolucionario que antes le hubieran repugnado, y hace que la idea de la ayuda mutua vuelva a aparecer como una necesidad (y esto en áreas tan disímiles como la cárcel, la economía doméstica, la autodefensa barrial, etc.). Creemos que aquí hay un importante espacio de trabajo para el socialismo revolucionario en general. Los partidos de derecha han perdido toda credibilidad, los de izquierda, en su mayoría, no se rebajan a trabajar con estos “lúmpenes” , y el anarquismo organizado recién comienza a trabajar en la provincia. La iglesia ha demostrado definitivamente ser sólo un placebo inútil para las graves enfermedades sociales que afectan a los marginados y éstos, solos, comienzan a reunirse para tratar de cambiar las cosas. Es nuestra tarea entonces apoyar sus intentos de autoorganización y acompañarlos en sus más que justos reclamos reivindicativos para avanzar lento pero seguro, junto con todos nuestros compañeros de clase, en el camino de la tan necesaria revolución social.

Acción Anarquista - Mendoza

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